Buenos presagios, Terry Pratchett y Neil Gaiman

“Buenos presagios”, Terry Pratchett y Neil Gaiman


Conozco a Terry Pratchett y a Neil Gaiman —no en persona, claro, ya me gustaría— desde hace relativamente poco, hará un par de años. Confieso que leí El color de la magia, de la saga Mundodisco, y no me acabó de enganchar —luego me indicaron que tal vez no era la mejor novela con la que empezar la saga—. Pero en el caso de Gaiman sí me deslumbró Mitos nórdicos — como puedes escuchar en el podcast 01 de Fantasía en el aire — , y de ahí pasé a Coraline, y ahora, Buenos presagios

De hecho, decidí leerla cuando me enteré de que Amazon Prime Video iba a estrenar una adaptación en serie protagonizada por uno de mis actores favoritos, Michael Sheen: el galés está fantástico en personajes como Aro, de la saga Crepúsculo —lo mejor, diría yo— o el camarero androide de Passengers —junto a Jennifer Lawrence y Chris Pratt—. Y sabía de antemano que el cóctel Pratchett-Gaiman-Sheen sería explosivo, como así ha sido.

Sin embargo, decidí leer primero Buenos presagios, para que la serie no me influyera al imaginar las situaciones y personajes, y ya después ver Good Omens. Y por eso ahora comparto contigo sus principales aspectos.

Terry Pratchett y Neil Gaiman, dos “cracks” del humor británico en la fantasía


Estos dos autores británicos son dos grandes maestros de la literatura fantástica: Terry Pratchett renovó el género con la ya mencionada saga de Mundodisco —un universo sujetado por una enorme tortuga— y Gaiman ha refundido la mitología en obras tan originales como American Gods o The Sandman

Uno de los personajes que con más cariño recuerdo de El color de la magia, de Terry Pratchett, es una especie de cámara fotográfica de las antiguas —y cuando digo ‘antiguas’, quiero decir antiquísimas, de las de finales del siglo XIX o principios del XX—, que caminaba junto a los protagonistas, perseguía e incluso se comía a los malos y nunca sabías qué iba a hacer a continuación, pues resultaba imprevisible.

 Y es este tipo de humor el que vas a encontrar en Buenos presagios, el típico humor británico disparatado y que te sorprende constantemente. Si te encanta La vida de Brian, de los Monty Pithon —o cualquier otra película del grupo cómico británico— seguro que te ríes al leer esta obra de Pratchett y Gaiman. Te confieso que yo me he reído a carcajadas en más de una ocasión, porque el humor surrealista siempre me ha encantado.

Y, como muestra, un botón. Aquí tienes el inicio de la novela, la primera conversación que tienen los dos protagonistas, el ángel Azirafel y el demonio Crawly —aquí con forma de serpiente—, quienes hablan sobre la Caída de Adán y Eva: 

“—A mí me parece un poco exagerado, la verdad —opinó la serpiente—. O sea, con eso de la primera infracción y demás. Es que no veo qué tiene de malo saber qué diferencia hay entre el bien y el mal.

Algo malo ha de tener —razonó Azirafel, con ese tono ligeramente preocupado de quien tampoco lo ve y sigue cavilando—, porque, de lo contrario, no habrías tomado parte.

—A mí solo me dijeron «Sube allá arriba y líala gorda» —protestó la serpiente, que se llamaba Crawly, aunque estaba pensando cambiarse el nombre. Y es que Crawly, ese nombre de reptil adulador, no iba con él; lo tenía decidido.”

Por cierto, “crawl” en inglés es ‘reptar, arrastrarse por el suelo’, por eso a Crawly no le gusta su nombre, pues no le gusta ‘arrastrarse’ ante nadie, como se ve claramente a lo largo de la novela por su manera de actuar y porque en efecto se cambia el nombre a “Crowley”. 

Buenos presagios, un proyecto a cuatro manos

Puedes escuchar en inglés "Good Omens" dramatizada con actores en la BBC Radio 4. La ilustración de Terry  Pratchett y Neil Gaiman ha sido realizada por Sean Phillips.
Terry Pratchett y Neil Gaiman dibujados por Sean Phillips para la BBC Radio 4

Ficha técnica:

Título: Buenos presagios (Good Omens)

Autores: Terry Pratchett y Neil Gaiman

Género: fantasía, humor

Páginas: 394

Editorial: Planeta (colección Booket)

Al final de la nueva edición de Buenos presagios hay un apartado muy interesante, donde ambos autores responden a una serie de preguntas sobre su colaboración a cuatro manos: cómo surgió la idea, qué pensaron el uno del otro al conocerse en persona… A este respecto, Neil Gaiman reconoce que cuando le indicaron que debía entrevistar a Terry Pratchett —Gaiman era entonces periodista— este ya tenía un nombre. En cambio, Pratchett dice que ninguno era famoso entonces. 

Sea como fuere, la cuestión es que congeniaron al instante. Por ambas declaraciones, se puede intuir que compartían el mismo humor y los mismos intereses. Y a partir de ahí, mantuvieron el contacto. Entonces, un día Gaiman le mandó a Pratchett por correo tradicional —eran los 90— el principio de lo que sería luego Buenos presagios por si podía echarle un cable, pues no sabía cómo continuar la historia. Esta se quedó en el cajón durante mucho tiempo. Hasta que Pratchett la rescató y retomó el proyecto. Y ambos decidieron ponerse manos a la obra.

 Resulta curioso comprobar cómo ambos tenían horarios distintos —Gaiman es como un búho, rinde por la noche y duerme hasta casi el mediodía; Pratchett en cambio funcionaba mejor por la mañana—. Por las tardes, tenían largas conversaciones por teléfono —la factura sería descomunal, imagino— pues entonces no existía whatsapp ni otros medios gratuitos de comunicación. Hablaban de las escenas escritas por cada uno durante el día —o la noche—, trataban de mantener la coherencia —dentro del humor disparatado que los caracteriza— y establecían las líneas argumentales que debían abordar a continuación.

Un ángel y un demonio muy ‘terráqueos’

Azirafel y Crowley protagonizan Buenos presagios. Ilustración: Sean Phillips
Azirafel y Crowley protagonizan Buenos presagios. Ilustración: Sean Phillips

La novela se basa en una premisa muy sencilla: el Apocalipsis se acerca por la llegada del Anticristo a la Tierra. Pero Azirafel y Crowley sienten tanto apego por ella que no desean renunciar a los pequeños placeres de la vida —como comerse un helado, por ejemplo, o tomarse un buen whisky— y deciden impedir el Fin del Mundo.

He de decir que me esperaba un mayor protagonismo de esta pareja tan atípica; sin embargo, comparten importancia con otros personajes tan divertidos como los cazadores de brujas o el grupo de niños Ellos y su perro.

La cultura pop, fuente de comicidad y empatía

"Buenos presagios" incorpora referencias pop. Foto: Mike Bird, Pexels
Buenos presagios incorpora referencias pop. Foto: Mike Bird, Pexels

Uno de los aciertos de los autores es introducir muchas referencias conocidas por todos en nuestra sociedad y mezclarlas con la mitología cristiana: de esta forma, tenemos un demonio cuyo grupo favorito es Queen —también escucha a Bruce Springsteen—, mientras que Azirafel prefiere la música clásica. Los superiores de Crowley le dan instrucciones a través de la radio de su Bentley, entremezcladas con la letra de Bohemian Rhapsody. Y la Creación de la Tierra está relacionada con el signo zodiacal Libra, de ahí que nos den la predicción astrológica del día que comienza la historia. Por ejemplo.

Con esto los lectores logramos una mayor empatía con estos personajes —que tienen gustos y preferencias muy cotidianos, como nosotros—, además de hacernos reír por el choque que supone juntar ambos elementos, la fantasía por un lado —cazadores de brujas, ángeles y demonios, el Anticristo…— y los objetos más cotidianos por otro —chupas de cuero, coches, autovías, bebidas alcohólicas, entre otros—.

Dramatis personae  y el gran teatro del mundo

Pratchett y Gaiman conectan con la idea del mundo como un gran teatro. Foto: Pexels, Pixabay
Pratchett y Gaiman conectan con la idea del mundo como un gran teatro. Foto: Pexels, Pixabay


Un aspecto curioso que me ha llamado mucho la atención es encontrar, tras la dedicatoria de los autores a C.K. Chesterton, el tradicional Dramatis personae de las obras de teatro en una obra narrativa. Así, los personajes están divididos en seres sobrenaturales, caballistas apocalípticos, humanos, Ellos —el grupo de niños liderado por el Anticristo Adán— y el perro. 

Aunque, en efecto, es algo que choca, me hace pensar un poco en el fin humorístico de Buenos presagios y en el hecho de que esta serie de aventuras que protagonizan Azirafel y Crowley son pura ficción, pero también están compuestas por aspectos cotidianos de nuestra realidad, como si esta fuera en realidad un gran teatro.

Buenos presagios, ¿una lectura recomendable?

"Buenos presagios" es una desternillante novela, ideal para pasar un buen rato y quitarte estrés.
Buenos presagios es una desternillante novela, ideal para pasar un buen rato y quitarte estrés.

Si te gusta el humor británico y la fantasía, las situaciones disparatadas y los diálogos surrealistas, no puedes dejar de leer Buenos presagios, te lo pasarás ‘pipa’. Ahora, si pones caras raras cuando una amiga te cuenta emocionada cómo ha disfrutado leyendo las aventuras de un demonio que conduce un Bentley y lleva chupa de cuero o las de un cazador de brujas que no sale apenas de su despacho cutre y se dedica a recortar periódicos, entonces tal vez esta no sea tu elección —esto es verídico, tengo una amiga que me miraba con cara de “¿Y eso tiene gracia?” cada vez que le explicaba lo que había leído ese día—. Salvo que quieras dar una oportunidad a la novela y salir de tu zona de confort.  O creas en segundas oportunidades. Yo pienso dársela a Mundodisco, a pesar de que El color de la magia no me deslumbrara.

Aquí te dejo varios enlaces interesantes:

Buenos presagios, Terry Pratchett y Neil Gaiman.

El color de la magia (Mundodisco 01), Terry Pratchett.

Obras de Neil Gaiman:

Coraline: novela, película.

Stardust: novela, película.

The Sandman 01.

American Gods: novela, serie temporada 01.

Otras películas mencionadas:

Saga Crepúsculo

Passengers.

La vida de Brian, Monty Pithon.

Y la dramatización en audio de la BBC:

Audiobook (en 6 capítulos) de Good Omens en inglés, BBC

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Diana Valentín Domingues

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Soy Diana Valentín Domingues, alias Artemis. Me chifla la fantasía en todas sus manifestaciones: literatura, cine, series, pintura... Prueba de ella son mis tres dragones: Reinsk el Devastador, y sus dos hijos, Risky el Sensato y Risko el Juguetón. Ah, y también escribo. Fantasía, cómo no.

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